Un aparato levitaba a una distancia media del suelo, en medio del pastizal. Todos los que rodeaban el aparato sentían la misma vibración nerviosa en la espalda, producto de la ansiedad, ante tan extraordinario evento. De repente, como si alguien la dibujara, una línea oscura recorrió la parte delantera del aparato, formando algo así como un círculo, cuya base ha sido achatada. Una luz azulina muy brillante resplandeció en toda la figura y la rellenó hasta quedar como una abertura, por la que aparecieron tres seres extraños, caminando sobre algún tipo de extremidad carnosa, más parecida a un tentáculo. Sin brazos distinguibles, los tres entes avanzaban dando pasos lentos e inseguros. Al parecer, los nervios no son solo humanos.
Un disparo, como el punto final de una historia que apenas comienza, estalló en algún lugar, hacia la derecha del aparato. La cabeza de uno de los visitantes explotó como si su materia fuese un yeso poroso y el cuerpo cayó pesado y ruidoso frente a sus compañeros.
Uno de los seres, sin mostrar señales de sorpresa, agachó esa extraña cabeza sin ojos ni boca perceptibles hacia su pecho, para luego darse la vuelta, en compañía del otro monstruo. La puerta desapareció ni bien ingresaron. Todos los que rodeaban la nave cayeron muertos. El aparato desapareció. Los televisores se quedaron en silencio, transmitiendo una imagen estática y eterna, sin alguna audiencia cuya curiosidad haya que satisfacer.