El pájaro azul rondaba el umbral de su puerta de nuevo. Tantas veces intentó atraparlo que ya había perdido toda esperanza. Se debe nacer con el pájaro azul en la cabeza, tal vez incluso hay que empollarlo desde el huevo, repetía, no es suficiente beber pociones ni aspirar humos intoxicantes que produzcan solo sinestesia, farfulló. Pero esa mañana el pájaro se paseaba de un lado a otro, en actitud pendenciera, como incitando a aquel ingenuo a perseguirlo.
Es inútil, avechucho, pronunció desafiante, he descubierto que no te necesito, sentenció. Ayer, mientras lavaba el bosque de sabores que pinté en el aire, conocí al elefante rosado que habita dentro de mi estómago, detrás de las paredes reblandecidas que albergan aún a mi espíritu. Ya no te perseguiré más, ni haré caso a tus tentadores movimientos ni a tus armoniosos graznidos… seré cocinero… ¿En estos tiempos quién necesita ya ser poeta?