En esa playa inmensa hay un granito de arena herido, que ha perdido toda esperanza de ser encontrado y rescatado. Se desangra despacito, como si de su cuerpo brotara un licor espumoso, que adormece lo que le rodea. ¿Por qué nací? ¿Por qué soy un granito de arena?, se preguntaba triste. ¿Por qué no me puedo mover? ¿Por qué el creador quiso que yo naciera inmóvil, pero consciente? ¿Por qué voy a morir?
Y el creador, al leer esas palabras que él mismo escribía, reconoció aquella playa y se vio rodeado de granitos de arena y, aunque ninguno demuestre real conciencia, realmente todos nacieron inmóviles, igual que él, con la voluntad para cambiar el mundo, con ningún poder y herido, sangrando tristeza.