Desde su escondite en la calle desierta,
mira, el animalito, una calavera yerta.
Curioso, ansioso, mueve su belfo…
¿Acaso los vestigios de algún elfo
o de civilización humana, ahora muerta?
Las órbitas vacías
son el alma que anidaba ese cuerpo.
El cráneo vacío
es el patrocinio de su pensamiento.
La porosidad de sus huesos
es la esfinge de su moral
El animalito, no sin desconcierto,
ante las reliquias del muerto;
pasmado por la imagen tétrica:
fiesta fatal de natural estética,
asqueroso cráneo vacío y yerto.