Elegantes y nada discretos festejan contentos la última noche de la gestión de Nataniel Gallardo... todos ellos quienes le fueron fieles y algunos hasta esclavos. La próxima ex primera dama recorre el fino lugar desde su ingreso principal hasta llegar a la ponchera azul, puesta en una mesita de metal cubierta con un mantel de encajes nobles. Dándole la espalda a todo el mundo, Virginia del Campo de Gallardo sirve una y otra y otra vez su copa de cristal francés con el espumoso «ponche diablo», ella está enferma... su vanidad no la deja respirar... no tendrá más poder... no será más mujer que todas nunca más.
En el otro extremo del salón, Gallardo intenta quedar bien en su última noche en “Casa del Parque”; no hace más que recordar cómo estaban de mal las cosas cuando tomó las riendas de su país... dos hombres y una mujer escuchan atentos el discurso de despedida.
La puerta principal de la «Casa del Parque», por ella entraron ministros, diputados, senadores, periodistas, edecanes, prostitutas... todo lo que necesitaban todos para disfrutar de la última velada del «Calígula vicunio»...
Nadie podría haber previsto semejante aparición... Cayo Orlando Zimmermann, un radical judío acusado y buscado por terrorismo, decide terminar con su vida saltando desde la primera de las siete gradas del ingreso hacia el infierno, activando el detonador de los diez kilos de C-4 que llevaba moldeado sobre el tórax.
El resultado es lo que Gallardo provocó cuatro años atrás. Para satisfacer la exacerbada fe católica de su mujer, Nataniel Gallardo Pomposo dispuso la eliminación de la libertad de credo en todo el territorio de Vicunia.
Todos yacen en suelo del salón del poder, sus almas van en camino del infierno del olvido.